Nota

Nota: Respetar y el saber estar. Es mi lema para vivir de frente la vida. Amo a los animales por encima de muchos humanos. La vida no es facil ni nadie regala nada, pero ha sido y sigue siendo, mi escuela de evolución y eso hago, evolucionar un poco más cada día. Tengo el convencimiento de que, sin humildad, humanidad y amor a todo ser vivo del planeta, el ser humano está vacío. Casi siempre me dejo guiar por el corazón, aunque me lleve muchos disgustos, pero no me importa, prefiero ofrecer amor incondicional, que pasar por la vida sin ofrecer nada. Soy amiga de mis amigos y los defiendo con la mejor arma que tengo a mi alcance y de la única manera que sé, con la sinceridad y verdad. Me aparto de las mentiras y de las personas toxicas y que hacen de la mentira, su bandera, para lograr sus objetivos. Valoro tal vez demasiado, la amistad, me doy demasiado, pero no la entiendo de otra manera. Aun no siendo rencorosa y perdonar con facilidad, aparto sin temblarme el pulso, a las personas que traicionan mi amistad. Quien no la entienda como yo, solo será visitante en mi vida. Si no eres afín a mi personalidad y no eres defensora/ or de los animales, no me interesas ni como humano ni como amigo. Te agradecería que me borraras de tus amigos y salieras de esta página.

lunes, 9 de noviembre de 2009

El amor de los animales






Fotografía de Hachikō a avanzada edad





Hachikō, a veces conocido en japonés como 忠犬ハチ公 (Hachikō, el perro fiel), era un perro de raza Akita nacido en noviembre de 1923 en la ciudad de Odate (Prefectura de Akita, Japón). En 1924 fue trasladado a Tokio por su amo, Eisaburō Ueno, un profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. El perro le saludaba cada día desde la puerta principal y le despedía al final del día en la cercana estación de Shibuya. Incluso tras la muerte de Ueno en mayo de 1925, Hachikō volvió cada día a la estación a esperarle, y lo hizo durante los diez años que transcurrieron hasta su propia muerte.
La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que le rodeaban, que le apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. La estatua fue reutilizada a causa de la Segunda Guerra Mundial, pero se erigió otra estatua en agosto de 1947, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta el encuentro. También hay una estatua similar en Odate, delante de la estación de Odate, y también se encuentra otra estatua del perro y su amo en el parque de Ueno.

Hachikō murió de filariasis en marzo de 1935. Sus restos disecados se encuentran en el Museo de Ciencias Naturales de Ueno (Tokio).

Hachikō es el protagonista de la película de 1987 Hachikō monogatari.

4 comentarios:

  1. Ana ,realmente conmovedora tu entrada...hemos de aprender de los animales.
    Mil besos.MJ

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  2. Gracias por compartir esta precioso.. muy necesario.

    Un abrazo
    Saludos fraternos

    Que tengas una semana excelente.

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  3. Una historia muy conmovedora Anita... es que adoro a los animales...

    Un beso y gracias por compartirla!

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  4. Cuánta lealtad, amor, bondad, y toda una serie de cualidades, que todos deberíamos copiar. Yo tengo un perrín se llama Jack, y te aseguro que cuantas más personas conozco, más le quiero y admiro. Ellos no saben lo q es la envidia, ni la maldad, ni el desapego, ni el dañar por dañar, ellos no entienden de falsedad. Ellos son GENIALES. Gracias por tu entrada.

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