Nota

Nota: Respetar y el saber estar. Es mi lema para vivir de frente la vida. Amo a los animales por encima de muchos humanos. La vida no es facil ni nadie regala nada, pero ha sido y sigue siendo, mi escuela de evolución y eso hago, evolucionar un poco más cada día. Tengo el convencimiento de que, sin humildad, humanidad y amor a todo ser vivo del planeta, el ser humano está vacío. Casi siempre me dejo guiar por el corazón, aunque me lleve muchos disgustos, pero no me importa, prefiero ofrecer amor incondicional, que pasar por la vida sin ofrecer nada. Soy amiga de mis amigos y los defiendo con la mejor arma que tengo a mi alcance y de la única manera que sé, con la sinceridad y verdad. Me aparto de las mentiras y de las personas toxicas y que hacen de la mentira, su bandera, para lograr sus objetivos. Valoro tal vez demasiado, la amistad, me doy demasiado, pero no la entiendo de otra manera. Aun no siendo rencorosa y perdonar con facilidad, aparto sin temblarme el pulso, a las personas que traicionan mi amistad. Quien no la entienda como yo, solo será visitante en mi vida. Si no eres afín a mi personalidad y no eres defensora/ or de los animales, no me interesas ni como humano ni como amigo. Te agradecería que me borraras de tus amigos y salieras de esta página.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Melancolía







Debo encontrarme en la ciudad de los sueños,

no hay besos ni caricias, ni un ápice

de la huella de lo nuestro.

¿Dónde se fueron los abrazos?

¿Dónde están esos besos?

¿Dónde….donde amor mío?

¿Dónde los dejaste quietos?

Te miro, pero no eres tú,

te busco y no te encuentro,

no hay nada a mi alrededor,

no suena la melodía que nos unió;

sin ti todo está desierto.

Doy vueltas y vueltas buscando

lo que nunca ha existido,

tal vez nunca pasó,




tal vez solo fue un sueño.

Al despertar se impone la realidad:

sigo habitando sin remedio en la ciudad

de los sueños muertos.






Ana Giner

©










jueves, 3 de septiembre de 2009

Viril






 






Viril



Y te deslizas como un niño despacio,
muy despacio, sin hacer apenas ruido
y entre mis piernas, tú.
Tiemblo jadeante cuando tu lengua recorre
sutil pero impaciente mi jardín floreado.
Consigues que mis entrañas ardan como un volcán
y un deseo febril se apodera de mis carnes.
Tus movimientos entrecortados hacen
gemir hasta lo más recóndito de mi cuerpo.
No en vano tu joven y viril falo
me hace estremecer para al fin
desembocar en un liquido espumoso
inundando tan ansiado y frondoso jardín.




Ana Giner








©